Día Mundial del Trabajo Social (2018).. Promoviendo comunidades y entornos sostenibles

La Agenda 2030 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo nos ayuda a imaginar un mundo mejor, más justo y en paz. A veces es necesario establecer escenarios y sociedades utópicas que nos ayuden a caminar. Y eso es exactamente lo que son los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un camino por recorrer. El undécimo Objetivo se centra en los espacios urbanos y en su importancia para el desarrollo de la vida. El equilibrio entre el desarrollo urbano y el medioambiente, los problemas sociales derivados de la vida en las ciudades (viviendas dignas, gestión y planificación de los servicios urbanos, áreas verdes, transporte, efecto de la contaminación en el medioambiente y en las personas, el trabajo decente en el contexto urbano, la segregación espacial...) son aspectos sobre los que incidir de una manera clara.  Los asentamientos urbanos, más grandes o pequeños, son el escenario en el que más de la mitad de la población mundial reside, sin que perdamos de vista las realidades que supone para la otra mitad de la humanidad vivir en un contexto rural.

Si atendemos a estos objetivos, no parece difícil darse cuenta de que el Trabajo Social como profesión y disciplina académica tiene mucha tarea por delante. La Federación Internacional de Trabajadoras/es Sociales y la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social, como parte de una estrategia que pretende visibilizar y compartir los temas urgentes para el Trabajo Social y su relación con la sociedad, nos llaman a celebrar y reivindicar el Trabajo Social cada martes de la tercera semana de marzo desde 1983. El Día Mundial del Trabajo Social es, sin duda, un buen ejercicio para que pensemos juntas y juntos sobre el camino que nos queda por recorrer através de lo que la Agenda Global para el Trabajo Social y el Desarrollo Sostenible se ha marcado como objetivo para el bienio 2017-18: contribuir desde el Trabajo Social a la promoción y construcción de entornos sostenibles y comunidades inclusivas. 

Que los seres humanos hemos construido un mundo en el que cada vez es más difícil vivir, parece una verdad constatada (y ya no tan incómoda, me temo). Que la desigualdad, el hambre y la violencia son una constante en la historia de la humanidad, tampoco necesita muchas más palabras que lo ilustren. Pero que también hay miles de personas, decenas de miles de ellas, que tienen un compromiso profesional con la justicia social desde una perspectiva global y unas herramientas para transformar las realidades que nos toca vivir junto con el resto de la ciudadanía, me hace pensar que hay esperanzas. 

Y no es ingenuidad. Hay esperanzas: aquéllas que mis compañeras y compañeros trabajadoras sociales me ofrecieron  y  permitieron cuidar y cuidarme  cuando lo he necesitado; hay esperanzas en los ejemplos de profesionalidad y de ética  que sirven para seguir adelante; hay esperanzas en los avances tras los retrocesos y la reconstrucción cada vez más humana de la educación y la formación de mis estudiantes, futuras trabajadoras sociales. Por eso, también para ellas y ellos, jóvenes que les toca vivir esta época, hay esperanzas. Y mucho Trabajo Social que hacer, sin duda alguna. Felicidades.

Crisis

Parece claro que los últimos 10 años han puesto de relevancia que la crisis vivida no fue sólo económica. Tenemos la certeza que las causas hay que buscarlas en el contexto de la economía financiera. Pero, ¿es que no tienen nombre y apellidos quienes jugaron al casino financiero y nos hicieron perder a todos?. Sí. Los tienen. Poro a poco hemos ido conociendo las estrategias tanto técnicas y tecnológicas, así como culturales que han hecho posible y justificado la estafa de las hipotecas subprime y del resto de productos financieros tóxicos que quebraron el sistema financiero internacional en 2008. Y aunque existe una dificultad técnica a la hora de que la ciudadanía entienda lo sucedido, es muy sencillo aproximarse a las consecuencias.

La destrucción de empleo y el deterioro de las rentas de los hogares, junto con la reducción de las prestaciones sociales y de los sistemas de protección social, tienen un impacto directo aunque no inmediato sobre la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas. Frecuentemente nos fijamos en las consecuencias inmediatas pero los cinco años en los que la crisis se ha abierto paso por la sociedad española, nos ha permitido observar indicios de las consecuencias a medio y largo plazo.

Y ahí entran a jugar un papel fundamental las políticas sociales. O la ausencia de éstas. No estamos hablando sólo de la reducción del gasto social (que en el caso de España siempre ha sido más bajo que en la UE). Estamos hablando del cambio en el concepto de "servicios públicos" y centrando el debate en la gestión y en los modelos empresariales a aplicar en los pilares de los sistemas de protección social.

Supongo que a estas alturas ya somos conscientes de la imposibilidad material de volver atrás, aunque sea el deseo generalizado, aunque parezca que es lo que está pasando. Los procesos de cambio social social son muy lentos y tiene más de pasado que del futuro ansiado. Pero en estos momentos, lo que tenemos sobre la mesa es la definición del futuro al que ir. Claro que muchos pensamos que es en el día a día y en el "camino" como vamos construyendo las sociedades, y es cierto, pero no conviene olvidar que el Estado y sus instituciones se transforman muy lentamente en términos de solidaridad y bienestar colectivo.

De momento, tenemos que pensar en el corto plazo. Y éste no es precisamente halagüeño. Y mientras nos hacemos a la idea de que la "década dorada" (1997-2007) en España ha sido un espejismo, descubrimos que ni teníamos unos sistemas de protección social tan desarrollados como creíamos ni tan sostenibles. Es más, nos damos cuenta de lo vulnerables que son nuestros sistemas educativos, sanitarios y el mercado de trabajo a los cambios en los sistemas políticos.

Regular los mercados y la actividades financieras mundiales, transformar el sistema productivo español y cambiar las actitudes y conductas de la población respecto al consumo y al individualismo son las tareas que tenemos por delante y están en las antípodas de los planteamientos actuales de las políticas sociales y económicas de los gobiernos europeos. Creo que casi vamos a tener que resistir los envistes de quienes tendrían que estar protegiéndonos (en sentido amplio) y seguir trabajando cada quien desde nuestros ámbitos de incidencia mientras reconstruimos los Estados desde la sociedad civil. O por lo menos, lo intentamos.

Cuando el feminismo es política

En realidad, el feminismo es siempre política. Los movimientos sociales (con su compleja heterogeneidad) muestran el camino que queda por recorrer, hacen propuestas, definen el sentido del cambio social, se enfrentan al status quo establecido, se contradicen, evolucionan. Sin el movimiento feminista no entenderíamos nuestro presente. Quienes argumentan que el feminismo fracasó, olvidan que el proceso por el que construimos la igualdad entre mujeres y hombres forma parte de los objetivos. Quienes cuestionan los logros del feminismo porque sus integrantes eran mujeres, blancas, universitarias y de clase social alta-media, olvidan la universalización de los derechos para todas las mujeres, la evolución integradora de quienes han ido integrando con posterioridad las filas del feminismo. Quienes no quieren perder su capacidad de someter y dominar prejuzgan y cosifican a las mujeres y sus derechos, intoxican desde los medios de comunicación construyendo los estereotipos que contribuyen a la desigualdad, educan de forma sexista. Incluso hay quien se dice ser "Feminista conservadora". Bonito oxímoron.

Que no nos avergüence reconocer que el Trabajo Social es feminista. Y que esto noes sólo por las pioneras o la feminización de la profesión. Es por lo que el Trabajo Social es y así queda explícito en su código deontológico.

Que no nos avergüence que nosotras y nosotros trabajamos para contribuir a la construcción de una sociedad igualitaria, justa y en paz. Y que lo hacemos por convicciones éticas, con las herramientas que tenemos disponibles o con las que inventamos. Que somos política. Y feministas.



España: siempre con matices

Al hacer un poco de historia social, económica y política de España en los últimos 100 años y tratar de compararla con el devenir de nuestras sociedades vecinas, siempre usamos la misma expresión: "En España sucedió algo parecido, pero con muchos matices".

Creo que lo que nos define como sociedad son esos "matices" que al compararnos con nuestros vecinos europeos nos evidencias como "diferentes". Tuvimos reforma liberal (tímida) y restauración borbónica en el XIX, sucesivos intentos de aperturismo social y de aproximación a los modelos de Estado Social al estilo europeo, tuvimos nuestra devastación particular en una Guerra Civil.Y algo parecido ocurrió en Europa.


Pero mientras que algunos países de Europa caminaban en la construcción de las instituciones del Estado de Bienestar  y de una ciudadanía activa tras la II Guerra mundial como forma de construir sociedades pacíficas a futuro (y contra el Estado Socialista, todo hay que decirlo), España se sumía en una dictadura militar que impidió la convergencia con los modelos económicos keynesianos europeos y negó las libertades individuales y colectivas.

Con el paso del tiempo y la utilización del Estado franquista para enriquecer ilegítimente a determinados colectivos y élites, se fue transitando de la represión directa a otra más sutil. Cierto aperturismo económico y un falso "pleno empleo" fue construyendo lentamente una sociedad de consumo en la que era prácticamente imposible la mobilidad social ascendente (sin acceso a la educación, es muy difícil). En este contexto, el Estado franquista no se puede considerar un Estado Social sino más bien un Estado Despótico que transfiere prácticamente toda la responsabilidad sobre el bienestar de sus ciudadanos/as a la beneficiencia realizada por la Iglesia Católica. 

El modelo asistencial franquista, conocido como "corporativismo despótico" va construyendo sistemas de protección social muy débiles y con muy poca participación desde lo público. Políticas Sociales claramente enmarcadas en el Modelo Residual en el que, además, no están reconocidos los derechos individuales ni los colectivos. La Iglesia Católica y la familia tradicional se convierten en los ejes principales de los sistemas de protección social. Un modelo cuyas características nos permiten hoy, décadas más tarde, encontrar explicación a algunas de nuestras "deficiencias" posteriores ya en la etapa constitucional, en lo referente a nuestros sistemas de protección social.


Los cambios sociales son siempre mucho más lentos. Quizás en estos momentos estemos viviendo el fin de la apuesta ideológica por el Estado de Bienestar español (o "latino", como lo llamaron algunos autores) y estemos transitando en lo social como transitamos en lo político hace 30 años. Es posible. Pero la dirección y sentido del cambio, a la luz de las políticas sociales actuales, no parecen muy halagüeñas. Nuevamente nuestra realidad matiza lo que somos: descontento e indignación, pero muchas dificultades para poder construir las alternativas.Veremos.

De modelos y tipologías

Con el Estado del Bienestar nos sucede lo mismo que con otros conceptos; abarca tantos tiempos y espacios que es muy difícil referirnos a una  realidad en concreto. La idea es poder señalar que el Estado del Bienestar es (o ha sido) una opción idelógica en el marco de la intervención del Estado tanto en la economía como en la garantía de sistemas de protección social para los ciudadanos/as y que ha ido cambiando a lo largo del tiempo y de las sociedades.

Entonces, ¿podemos denominar como Estado del Bienestar la manera en que el Estado francés en 1990, por ejemplo, aborda las desigualdades sociales o plantea los seguros sociales? ¿Qué es lo que hace que llamemos "Estado del Bienestar" a unas realidades político-económico-sociales tan diferentes como España en los 90 o Francia en el 2000 o incluso Reino Unido en la actualidad?.


Un material audiovisual interesante sobre esta cuestión puedes visionarlo en este blog.


Si estos son los principio que guían el "Estado de Bienestar", es lógico que se den diferentes formas o modelos del mismo dependiendo de los diferentes contextos, tanto sociales como internacionales, estando sometido en cada momento a elementos de crítica  (ideológica, financiera, de legitimidad social) o a dificultades técnicas en la aplicación de las políticas sociales.

Una clasificación sencilla es la que permite clasificar los diferentes "Estados de Bienestar" en función del alcance de sus servicios y prestaciones. Ambos modelos son "Estados de Bienestar" pero, evidentemente, presentan diferentes puntos de partida y resultados.


¿Cuál es "nuestro" Estado dl Bienestar?. ¿Cuáles son las características del mismo? Hoy por hoy ¿podemos seguir clasificando las políticas sociales de los diferentes Estados europeos dentro de la lógica planteada en a finales de los años 40, o tras la crisis de 1970/80?. La crisis financiera y de empleo de 2008 junto con la reacción neoliberal está cambiando la faz (incluso ideológicamente) de lo planteado hace más de medio siglo atrás, cuando el Estado del Bienestar era una alternativa al Estado Comunista dentro de la lógica capitalista y democrática liberal.



Hasta 2008 encontrábamos muchos puntos en común entre las diferentes implementaciones del "Estado del Bienestar" en los países europeos. Hoy por hoy, no sólo tenemos problemas para financiar los sistemas de protección social (es una cuestión contable). Es que sin empleo (ni pacto capital-trabajo), sin ahorro y con políticas fiscales regresivas, con una ciudadanía fragmentada y con una tradición histórica reciente como la que tenemos en España, creer en el Estado como un garante de los derechos económicos y sociales de la ciudadanía es prácticamente imposible. Y eso es absolutamente dramático.


17 de marzo. Día Mundial del Trabajo Social



Ms Cristina Martins, IFSW Regional President Europe and members of the European Committee: Salome Namicheishvili, Gabriele Stark-Angermeier, Hakan Acar, Josefine Johansson, Fran McDonnall, and Joana Malhiro


Una mirada atrás (respecto al Estado del Bienestar)

A veces es complicado explicar qué es el Estado del Bienestar con términos sencillos y comprensibles. En el contexto académico no debería dar problemas utilizar elementos más abstractos, pero me preocupa el sentir más de la calle en este tema, la "opinión pública", por decirlo así. Creo que una de las debilidades que es aprovechada por los detractores del Estado del Bienestar es precisamente la dificultad para poder explicar de manera sencilla y concreta a qué nos estamos refiriendo. Pues cuando algo es demasiado "complejo", es fácil buscarle las cosquillas y construir una imagen negativa.

Algo similar ha pasado en estos días con mis estudiantes. Ya habíamos trabajado el Estado de Bienestar como una realidad histórica y como forma específica de Estado Social. Sí. Demasiado abstracto. En clase nos centramos en cómo explicarle a alguien que no ha leído a Richard Titmuss qué es el Estado del Bienestar y de qué nos protege.




Y en el momento de analizar desde cuándo ésto es así, tenemos que hacer una parada ineludible en el movimiento obrero. La sindicalización de los/as trabajadores/as es una de las claves para entender el cambio desde el asistencialismo y/o beneficiencia al enfoque desde los derechos. El pacto capital-trabajo fue posible gracias a la regulación del Estado pero sin los sindicatos jamás se hubiese conseguido mejorar las condiciones de trabajo y avanzar en la construcción de un modelo de mercado de trabajo tendente al pleno empleo.



El pacto social implica muchas cosas, incluido el reconocimiento de las necesidades de todas y todos y la diferencia de oportunidades para poder satisfacerlas. Será el reconocimiento sobre el fallo clamoroso de la autoregulación de los mercados (incluidos los de protección social) lo que haga acercar posiciones entre las corrientes ideológicas hegenónicas después de la Segunda Guerra Mundial, haciendo posible algo que en estos momentos nos suena imposible (pero que sabemos que se puede hacer): establecer un consenso de mínimos pensando en las ciudadanas y ciudadanos y sus necesidades.

Cuestiones de Estado

No es conveniente confundir el Estado con las sociedades. El primero es una construcción política fruto de un desarrollo histórico concreto en el que territorio, soberanía, población, aparato administrativo y gobierno convergen. Las segundas, las sociedades, son algo más complejas que la simple organización política de las mismas y contemplan aspectos culturales, formas de producir y distribuir bienes y servicios, instituciones que regulan su funcionamiento, sistemas simples y complejos de control y organización social.

Tanto el Estado como realidad política y las sociedades, se construyen a lo largo del tiempo, cambian, inventan o transforman instituciones, aplican formas de gobierno, adoptan regímenes políticos, los abandonan. En los procesos de transformación de las sociedades es donde encontramos al Estado como el actor fundamental de los sistemas políticos. Y como toda construcción social, ha estado sometida a las idas y venidas propias de las estructuras económicas, sistemas de dominación de clase y étnia.

Entender el actual Sistema Mundial sin los Estados es algo imposible, pero entenderlo sólo como un sistema interestatal es también un error: empresas, unidades supraestatales y una gran cantidad más de actores entran en juego.


Lo parece claro es que no es posible entender el Capitalismo como sistema económico, social y cultural sin el Estado. Éste juega un papel muy importante en la extensión de las formas de dominación en los procesos de colonización (en las Américas primero, África después), generando estructuras políticas que nada tienen que ver con la forma de organzación política que tenían las sociedades en las que se implanta. 


Sin embargo, los procesos de cambio en la concepción de los Estados, nos ha llevado a establecer diferentes tipologías, siempre mirando a Europa o a Occidente en las que el papel del Estado en la economía varía, los derechos civiles se matizan y se incorpora o no al Estado como garante de los sistemas de protección social.

Es cierto que el llamado "Estado del Bienestar" fue una apuesta ideológica. Y no es menos cierto que el llamado "Estado neoliberal" también lo es. Pero ¿hablamos de Estados o de gobiernos de los Estados?. No conviene olvidar esos matices. Así, cada tipo de Estado articula diferentes elementos de los sistemas de protección social pensando en la población que ocupa su territorio siguiendo unos u otros principios ideológicos.



Al final, parece que el mundo que miramos es mucho más subjetivo que lo que podría pensarse desde la racionalidad de la ciencia. Quizá entender la sanidad pública y gratuita como uno de los pilares fundamentales de los sistemas de protección social y que debe ser garantizada por el Estado sea algo relativo a la clase social. Puede ser. Muy frecuentemente olvidamos que las cosas las vemos desde nuestras posiciones y que somos capaces de defenderlas con la ciencia, sin empacho alguno. O con las armas, cosa es que es aún mucho más lamentable.

Un poco de humor no nos vendrá mal para terminar uno tema que al final nos interpela por el papel que cumple la sociedad civil en los procesos políticos al margen del Estado y articulándose en acción política (y transformadora) de la sociedad (a corto plazo) y del propio Estado (medio-largo plazo).



También es política

Darle un vistazo a la prensa de España (con la distancia justa)  es encontrar una sucesión de hechos que no evidencian sino el malestar de la sociedad española ante lo que parece una situación desde la que no vamos a poder retornar.

¿Dónde está el límite? ¿En virtud de qué consignas? ¿Con qué finalidad?.

El límite está el desempleo (y en lo que implica especialmente el desempleo de larga duración); está en el empleo precario o en el subempleo; está en el incremento de la proporción del gasto que los hogares dedican a alimentos en relación al total de su renta; está en la crisis de la vivienda; está en el incremento de la desigualdad económica y social:  está en las circunstancias de la mayoría.

Las respuestas ante el fracaso de las políticas económicas neoliberales por parte de los Estados de la Unión Europea, han sido más  que equivocadas. ¿Cómo se puede responder con las mismas recetas que han causado el problema?.  No parece lógico. A no ser...que la consigna sea derivar los pocos recursos públicos generados por el trabajo de los ciudadanos y ciudadanas al sector privado. Pero, ¿con qué finalidad?. Es una pregunta retórica

El discurso: crecimiento económico, creación de empleo, reducción del déficit,  mejora de las condiciones de vida de las personas.

Lo que sucede: incremento de la tasa de ganancia de las empresas, reestructuración del sistema bancario deteriorado por la crisis financiera, reducción del gasto público (en especial del gasto social -educación, sanidad, justicia, servicios sociales-), ¿la mejora de las condiciones de vida de las personas?.

Ahora la pregunta es, ¿se puede hacer otra cosa?. Claro que sí. Porque si no puede ser, todos aquéllos que aún creen en la soberanía del Estado deberían inmediatamente dejar de creer en ello y abrazar la soberanía del capital.  Pero ¿son suficientes las políticas económicas desde el enfoque regulacionista?.  Parece que el problema sigue siendo el mismo. No parecen sensatas las recetas cocinadas en el New York Times para los países de la semiperiferia.

Estamos en el momento en el que la coyuntura parece mandar. Estaría bien intentar alejarse un poco. Los gobiernos de los Estados no están atados de pies y manos, pero pueden hacerse pasar por víctimas del contexto y gobernar con mano de hierro contra unos muchos y a favor de unos cuantos. Y eso, también es política.