Cuando el feminismo es política

En realidad, el feminismo es siempre política. Los movimientos sociales (con su compleja heterogeneidad) muestran el camino que queda por recorrer, hacen propuestas, definen el sentido del cambio social, se enfrentan al status quo establecido, se contradicen, evolucionan. Sin el movimiento feminista no entenderíamos nuestro presente. Quienes argumentan que el feminismo fracasó, olvidan que el proceso por el que construimos la igualdad entre mujeres y hombres forma parte de los objetivos. Quienes cuestionan los logros del feminismo porque sus integrantes eran mujeres, blancas, universitarias y de clase social alta-media, olvidan la universalización de los derechos para todas las mujeres, la evolución integradora de quienes han ido integrando con posterioridad las filas del feminismo. Quienes no quieren perder su capacidad de someter y dominar prejuzgan y cosifican a las mujeres y sus derechos, intoxican desde los medios de comunicación construyendo los estereotipos que contribuyen a la desigualdad, educan de forma sexista. Incluso hay quien se dice ser "Feminista conservadora". Bonito oxímoron.

Que no nos avergüence reconocer que el Trabajo Social es feminista. Y que esto noes sólo por las pioneras o la feminización de la profesión. Es por lo que el Trabajo Social es y así queda explícito en su código deontológico.

Que no nos avergüence que nosotras y nosotros trabajamos para contribuir a la construcción de una sociedad igualitaria, justa y en paz. Y que lo hacemos por convicciones éticas, con las herramientas que tenemos disponibles o con las que inventamos. Que somos política. Y feministas.



España: siempre con matices

Al hacer un poco de historia social, económica y política de España en los últimos 100 años y tratar de compararla con el devenir de nuestras sociedades vecinas, siempre usamos la misma expresión: "En España sucedió algo parecido, pero con muchos matices".

Creo que lo que nos define como sociedad son esos "matices" que al compararnos con nuestros vecinos europeos nos evidencias como "diferentes". Tuvimos reforma liberal (tímida) y restauración borbónica en el XIX, sucesivos intentos de aperturismo social y de aproximación a los modelos de Estado Social al estilo europeo, tuvimos nuestra devastación particular en una Guerra Civil.Y algo parecido ocurrió en Europa.


Pero mientras que algunos países de Europa caminaban en la construcción de las instituciones del Estado de Bienestar  y de una ciudadanía activa tras la II Guerra mundial como forma de construir sociedades pacíficas a futuro (y contra el Estado Socialista, todo hay que decirlo), España se sumía en una dictadura militar que impidió la convergencia con los modelos económicos keynesianos europeos y negó las libertades individuales y colectivas.

Con el paso del tiempo y la utilización del Estado franquista para enriquecer ilegítimente a determinados colectivos y élites, se fue transitando de la represión directa a otra más sutil. Cierto aperturismo económico y un falso "pleno empleo" fue construyendo lentamente una sociedad de consumo en la que era prácticamente imposible la mobilidad social ascendente (sin acceso a la educación, es muy difícil). En este contexto, el Estado franquista no se puede considerar un Estado Social sino más bien un Estado Despótico que transfiere prácticamente toda la responsabilidad sobre el bienestar de sus ciudadanos/as a la beneficiencia realizada por la Iglesia Católica. 

El modelo asistencial franquista, conocido como "corporativismo despótico" va construyendo sistemas de protección social muy débiles y con muy poca participación desde lo público. Políticas Sociales claramente enmarcadas en el Modelo Residual en el que, además, no están reconocidos los derechos individuales ni los colectivos. La Iglesia Católica y la familia tradicional se convierten en los ejes principales de los sistemas de protección social. Un modelo cuyas características nos permiten hoy, décadas más tarde, encontrar explicación a algunas de nuestras "deficiencias" posteriores ya en la etapa constitucional, en lo referente a nuestros sistemas de protección social.


Los cambios sociales son siempre mucho más lentos. Quizás en estos momentos estemos viviendo el fin de la apuesta ideológica por el Estado de Bienestar español (o "latino", como lo llamaron algunos autores) y estemos transitando en lo social como transitamos en lo político hace 30 años. Es posible. Pero la dirección y sentido del cambio, a la luz de las políticas sociales actuales, no parecen muy halagüeñas. Nuevamente nuestra realidad matiza lo que somos: descontento e indignación, pero muchas dificultades para poder construir las alternativas.Veremos.

De modelos y tipologías

Con el Estado del Bienestar nos sucede lo mismo que con otros conceptos; abarca tantos tiempos y espacios que es muy difícil referirnos a una  realidad en concreto. La idea es poder señalar que el Estado del Bienestar es (o ha sido) una opción idelógica en el marco de la intervención del Estado tanto en la economía como en la garantía de sistemas de protección social para los ciudadanos/as y que ha ido cambiando a lo largo del tiempo y de las sociedades.

Entonces, ¿podemos denominar como Estado del Bienestar la manera en que el Estado francés en 1990, por ejemplo, aborda las desigualdades sociales o plantea los seguros sociales? ¿Qué es lo que hace que llamemos "Estado del Bienestar" a unas realidades político-económico-sociales tan diferentes como España en los 90 o Francia en el 2000 o incluso Reino Unido en la actualidad?.


Un material audiovisual interesante sobre esta cuestión puedes visionarlo en este blog.


Si estos son los principio que guían el "Estado de Bienestar", es lógico que se den diferentes formas o modelos del mismo dependiendo de los diferentes contextos, tanto sociales como internacionales, estando sometido en cada momento a elementos de crítica  (ideológica, financiera, de legitimidad social) o a dificultades técnicas en la aplicación de las políticas sociales.

Una clasificación sencilla es la que permite clasificar los diferentes "Estados de Bienestar" en función del alcance de sus servicios y prestaciones. Ambos modelos son "Estados de Bienestar" pero, evidentemente, presentan diferentes puntos de partida y resultados.


¿Cuál es "nuestro" Estado dl Bienestar?. ¿Cuáles son las características del mismo? Hoy por hoy ¿podemos seguir clasificando las políticas sociales de los diferentes Estados europeos dentro de la lógica planteada en a finales de los años 40, o tras la crisis de 1970/80?. La crisis financiera y de empleo de 2008 junto con la reacción neoliberal está cambiando la faz (incluso ideológicamente) de lo planteado hace más de medio siglo atrás, cuando el Estado del Bienestar era una alternativa al Estado Comunista dentro de la lógica capitalista y democrática liberal.



Hasta 2008 encontrábamos muchos puntos en común entre las diferentes implementaciones del "Estado del Bienestar" en los países europeos. Hoy por hoy, no sólo tenemos problemas para financiar los sistemas de protección social (es una cuestión contable). Es que sin empleo (ni pacto capital-trabajo), sin ahorro y con políticas fiscales regresivas, con una ciudadanía fragmentada y con una tradición histórica reciente como la que tenemos en España, creer en el Estado como un garante de los derechos económicos y sociales de la ciudadanía es prácticamente imposible. Y eso es absolutamente dramático.


17 de marzo. Día Mundial del Trabajo Social



Ms Cristina Martins, IFSW Regional President Europe and members of the European Committee: Salome Namicheishvili, Gabriele Stark-Angermeier, Hakan Acar, Josefine Johansson, Fran McDonnall, and Joana Malhiro


Una mirada atrás (respecto al Estado del Bienestar)

A veces es complicado explicar qué es el Estado del Bienestar con términos sencillos y comprensibles. En el contexto académico no debería dar problemas utilizar elementos más abstractos, pero me preocupa el sentir más de la calle en este tema, la "opinión pública", por decirlo así. Creo que una de las debilidades que es aprovechada por los detractores del Estado del Bienestar es precisamente la dificultad para poder explicar de manera sencilla y concreta a qué nos estamos refiriendo. Pues cuando algo es demasiado "complejo", es fácil buscarle las cosquillas y construir una imagen negativa.

Algo similar ha pasado en estos días con mis estudiantes. Ya habíamos trabajado el Estado de Bienestar como una realidad histórica y como forma específica de Estado Social. Sí. Demasiado abstracto. En clase nos centramos en cómo explicarle a alguien que no ha leído a Richard Titmuss qué es el Estado del Bienestar y de qué nos protege.




Y en el momento de analizar desde cuándo ésto es así, tenemos que hacer una parada ineludible en el movimiento obrero. La sindicalización de los/as trabajadores/as es una de las claves para entender el cambio desde el asistencialismo y/o beneficiencia al enfoque desde los derechos. El pacto capital-trabajo fue posible gracias a la regulación del Estado pero sin los sindicatos jamás se hubiese conseguido mejorar las condiciones de trabajo y avanzar en la construcción de un modelo de mercado de trabajo tendente al pleno empleo.



El pacto social implica muchas cosas, incluido el reconocimiento de las necesidades de todas y todos y la diferencia de oportunidades para poder satisfacerlas. Será el reconocimiento sobre el fallo clamoroso de la autoregulación de los mercados (incluidos los de protección social) lo que haga acercar posiciones entre las corrientes ideológicas hegenónicas después de la Segunda Guerra Mundial, haciendo posible algo que en estos momentos nos suena imposible (pero que sabemos que se puede hacer): establecer un consenso de mínimos pensando en las ciudadanas y ciudadanos y sus necesidades.

Cuestiones de Estado

No es conveniente confundir el Estado con las sociedades. El primero es una construcción política fruto de un desarrollo histórico concreto en el que territorio, soberanía, población, aparato administrativo y gobierno convergen. Las segundas, las sociedades, son algo más complejas que la simple organización política de las mismas y contemplan aspectos culturales, formas de producir y distribuir bienes y servicios, instituciones que regulan su funcionamiento, sistemas simples y complejos de control y organización social.

Tanto el Estado como realidad política y las sociedades, se construyen a lo largo del tiempo, cambian, inventan o transforman instituciones, aplican formas de gobierno, adoptan regímenes políticos, los abandonan. En los procesos de transformación de las sociedades es donde encontramos al Estado como el actor fundamental de los sistemas políticos. Y como toda construcción social, ha estado sometida a las idas y venidas propias de las estructuras económicas, sistemas de dominación de clase y étnia.

Entender el actual Sistema Mundial sin los Estados es algo imposible, pero entenderlo sólo como un sistema interestatal es también un error: empresas, unidades supraestatales y una gran cantidad más de actores entran en juego.


Lo parece claro es que no es posible entender el Capitalismo como sistema económico, social y cultural sin el Estado. Éste juega un papel muy importante en la extensión de las formas de dominación en los procesos de colonización (en las Américas primero, África después), generando estructuras políticas que nada tienen que ver con la forma de organzación política que tenían las sociedades en las que se implanta. 


Sin embargo, los procesos de cambio en la concepción de los Estados, nos ha llevado a establecer diferentes tipologías, siempre mirando a Europa o a Occidente en las que el papel del Estado en la economía varía, los derechos civiles se matizan y se incorpora o no al Estado como garante de los sistemas de protección social.

Es cierto que el llamado "Estado del Bienestar" fue una apuesta ideológica. Y no es menos cierto que el llamado "Estado neoliberal" también lo es. Pero ¿hablamos de Estados o de gobiernos de los Estados?. No conviene olvidar esos matices. Así, cada tipo de Estado articula diferentes elementos de los sistemas de protección social pensando en la población que ocupa su territorio siguiendo unos u otros principios ideológicos.



Al final, parece que el mundo que miramos es mucho más subjetivo que lo que podría pensarse desde la racionalidad de la ciencia. Quizá entender la sanidad pública y gratuita como uno de los pilares fundamentales de los sistemas de protección social y que debe ser garantizada por el Estado sea algo relativo a la clase social. Puede ser. Muy frecuentemente olvidamos que las cosas las vemos desde nuestras posiciones y que somos capaces de defenderlas con la ciencia, sin empacho alguno. O con las armas, cosa es que es aún mucho más lamentable.

Un poco de humor no nos vendrá mal para terminar uno tema que al final nos interpela por el papel que cumple la sociedad civil en los procesos políticos al margen del Estado y articulándose en acción política (y transformadora) de la sociedad (a corto plazo) y del propio Estado (medio-largo plazo).



También es política

Darle un vistazo a la prensa de España (con la distancia justa)  es encontrar una sucesión de hechos que no evidencian sino el malestar de la sociedad española ante lo que parece una situación desde la que no vamos a poder retornar.

¿Dónde está el límite? ¿En virtud de qué consignas? ¿Con qué finalidad?.

El límite está el desempleo (y en lo que implica especialmente el desempleo de larga duración); está en el empleo precario o en el subempleo; está en el incremento de la proporción del gasto que los hogares dedican a alimentos en relación al total de su renta; está en la crisis de la vivienda; está en el incremento de la desigualdad económica y social:  está en las circunstancias de la mayoría.

Las respuestas ante el fracaso de las políticas económicas neoliberales por parte de los Estados de la Unión Europea, han sido más  que equivocadas. ¿Cómo se puede responder con las mismas recetas que han causado el problema?.  No parece lógico. A no ser...que la consigna sea derivar los pocos recursos públicos generados por el trabajo de los ciudadanos y ciudadanas al sector privado. Pero, ¿con qué finalidad?. Es una pregunta retórica

El discurso: crecimiento económico, creación de empleo, reducción del déficit,  mejora de las condiciones de vida de las personas.

Lo que sucede: incremento de la tasa de ganancia de las empresas, reestructuración del sistema bancario deteriorado por la crisis financiera, reducción del gasto público (en especial del gasto social -educación, sanidad, justicia, servicios sociales-), ¿la mejora de las condiciones de vida de las personas?.

Ahora la pregunta es, ¿se puede hacer otra cosa?. Claro que sí. Porque si no puede ser, todos aquéllos que aún creen en la soberanía del Estado deberían inmediatamente dejar de creer en ello y abrazar la soberanía del capital.  Pero ¿son suficientes las políticas económicas desde el enfoque regulacionista?.  Parece que el problema sigue siendo el mismo. No parecen sensatas las recetas cocinadas en el New York Times para los países de la semiperiferia.

Estamos en el momento en el que la coyuntura parece mandar. Estaría bien intentar alejarse un poco. Los gobiernos de los Estados no están atados de pies y manos, pero pueden hacerse pasar por víctimas del contexto y gobernar con mano de hierro contra unos muchos y a favor de unos cuantos. Y eso, también es política.

También es política (segunda parte)

Y también es política lo que se hace y se reclama en las calles. He leído que algunos dicen que hay que hacer lo que haya que hacer…digan lo que digan las calles.  Podría entenderse entonces que gobernar es hacer caso a unos..y no hacérselo a otros. Y ¿a quién les hacen caso los gobiernos?.

En el tema de la “economía” (macroeconomía, más bien), la agenda está muy clara:  confiar en que las recetas el neoliberalismo sofisticado (el de la ingeniería y arquitectura financieras y la sociedad del conocimiento), sí, las mismas que han dado como resultado la presente recesión, funcionen.  Y claro que van a funcionar..para lo que están pensadas: derivar capital público al privado. No se crean que las políticas económicas neoliberales van orientadas al bienestar, ni siquiera al” crecimiento económico”; están orientadas a incrementar las tasas de ganancia de las empresas y reducir el peso del Estado (gasto público y gasto social) como argumento para la financiación de los servicios y someter a los/as trabajadores/as a la precariedad laboral consentida (una vez roto el pacto capital-trabajo). Lo que sorprende ahora como la gran ola neoliberal en Europa, se vivió en América Latina durante los años 70, 80 y 90. En la actualidad, crece el producto interno bruto y algo la renta per cápita, pero no estoy tan seguro de que ése crecimiento contribuya a remover las estructuras de desigualdad que harán que cuando el capital se marche a otro lugar, los países y las regiones no se queden destrozados.

La política se ha desprestigiado tanto, que da miedo.  La confusión generalizada y el desgaste que el ejercicio del poder ha producido sobre los partidos políticos españoles,  llevan a algunos sectores de la opinión pública a realizar discursos que se acercan al fascismo peligrosamente.  Sin embargo, otras voces plantean una mayor democratización de la vida política parlamentaria (básicamente) y elaboran propuestas en esa dirección. El 15M, los indignados (e indignadas), Democracia Real Ya, la PAH y otras plataformas de acción social colectiva, anuncian una inquietud desde la política de transformar las reglas de juego de los partidos políticos: reforma de la ley electoral, listas abiertas, presupuestos participativos, consejos deliberativos, leyes de transparencia,  lucha contra la corrupción… Son medidas factibles que refundarían la relación de la política, los partidos y los electores. Tardaremos décadas en conseguirlo, pero lo conseguiremos cuando la representación de los partidos políticos en el Parlamento esté tan fragmentada que sea más fácil conseguir las mayorías para llevar estos proyectos de cambio legislativo. Mientras tanto: protestar, denunciar, educar y visibilizar…y actuar en consecuencia.

Y si no nos alejamos de la coyuntura, no veremos que  nos queda otra cuestión. ¿Qué hacemos con lo social?. Porque de momento, la economía y la política están vetadas a la ciudadanía. Entonces, ¿qué hacer?.  Leo que las  ”alternativas” pasan por el regeneracionismo político y el fortalecimiento del Estado, adoptando políticas económicas parecidas a las que siguieron a la Gran Depresión del 29 y regulación de la economía financiera….algo que la ciudadanía no puede hacer directamente, sino que tenemos que delegar y creer que lo harán los partidos que votemos. Comprendo la desesperanza.  Y sociológicamente ni somos ni podemos hacer lo que pareció que se hizo en Islandia.

Las alternativas nos conducen, inexorablemente, a modelos diferentes de relacionarnos entre nosotros. O cooperamos y colaboramos (a todos los niveles) o no aguantaremos los próximos diez años con un mínimo grado de cohesión social y bienestar. Yo no protesto para que vuelva lo que teníamos. Protesto, trabajo, enseño, aprendo, escribo y comparto para que lo que tenemos ahora se amortigüe y para que lo que tengamos sea diferente. Y ya ha empezado.

A vueltas con la solidaridad

Que la solidaridad ha de ser el "cemento" de las sociedades parece claro. Y que dicha solidaridad no se basa exclusivamente en consensos por similitud ni por diferenciación también lo tenemos bastante claro. En contextos golpeados por la crisis en los que las personas (las nuestras, las que identificamos como parte de nuestro entorno) y sus circunstancias son visibles, se activan diferentes mecanismos que intentan reducir el dolor de ajeno, el dolor de quienes podríamos ser nosotros mismos.

Y es lo más lógico. Sólo los desalmados (que también los hay) se giran de espaldas ante quien pasa hambre o vive entre cartones. Y es ahí donde la sociedad civil responde, se articula y se organiza, en el espacio pequeño, en la proximidad casi vecinal siendo conscientes de que su actuación es importante y no cambia las "estructuras" pero se resisten a ser completamente pisoteados.

Tienes que conmoverte, que sentirte incluso al borde para poder caminar. Solidaridad como empatía, como respuesta a veces desesperada, actitud y conducta que nos hace mejores, sin duda alguna. ¿Cómo no conmoverse con Rosario?


Pero solidaridad que no debe olvidar que las personas tenemos derechos y que éstos están reconocidos (y garantizados) por el Estado a través de la actuación de las diferentes políticas sociales y que las administraciones públicas están obligadas a realizar.

Es triste ver cómo la caridad sustituye (e invisibiliza) el espacio de los derechos. Es triste porque la caridad no la podemos exigir, es asimétrica y depende de quien quiera darla. Y porque su discurso exime de la responsabilidad que tiene el Estado de ser Social y de Derecho por mandato constitucional.




Solidaridad que es caridad instrumentalizada para reducir el alcance del Estado Social y que responde a una manera de entender las políticas sociales y la sociedad en su conjunto.